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Durlock
-Son solo mariposas.
-¿Decis?
-Sí, son bichos.
-Quizas es algo más. No sólo bichos, sino símbolos
-¿Sí?
- Sí. Y desde allí podés construir todo.
-¿Cómo?
Me paro y me dirijo al baño. Mientras lo hago sigo respondiendo, cosa que atrasa mi accion originaria.
Logro su atención como nunca antes.
La pared que hace de pasillo a los baños es una placa de Durlock clavada de manera improvisada. Salgo hablando con Berta, quien está intentando convencerme a mí y a sus amigos que no conozcamos a su madre. El sostiene que el Berta personaje y el Berta persona no debe solaparse, y conocer a su madre seria un intento de unión. Me caigo sobre la placa de Durlock y esta se cae; todo el lugar me mira. Yo me desarmo de la risa, como nunca antes me he reido.
Pienso que podria atornillar esa placa a perfiles de metal y lograr una solidez andina.
Y lo hago.
El lugar ahora esta vacío, y Berta y su madre están observándolo. Berta nota la placa atornillada a la perfección y sonrie. La madre le pregunta quien lo hizo. Cuando Berta le responde, ella le dice que me tuvo de alumna en Pintura I.
Cruzada
Hay una cruzada anti-abortista en la facultad. Nelda la lleva a cabo. Me desespera su hipocresia: conozco su performances y lejos están.
Voy al baño de la facultad. Este es gigante: tiene el tamaño de un piso entero de un departamento. Cuando me acerco al inodoro escucho ruidos. Corro la cortina de la ducha y me encuentro a dos personas: las informantes de Nelda. No sé que pretenden sacarme en esta situación. Las saco los gritos y cierro con traba. Estoy desnuda. Vuelvo a dirigirme al inodoro, pero alguien entra detrás mio. Quiero cerrar pero no puedo, ya entró demasiada gente y la traba no funciona. Entonces camino con estilo, como si estableciera una posición politica con mi andar.
Entre la gente esta Nelda con su grupo más cercano de mujeres que la apoyan en la campaña. Me acerco una y le digoal oído:
-No hay mayor creyente que el converso. Preguntele a Nelda que hizo en su juventud, dos veces.
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Foreman
Foreman nos cuenta sobre sobre su madre. Nos muestra un recuerdo que no entiende: está su madre bañando a un niño de unos 11 años, con mucho afecto, con mucha protección; inclusive con condescendencia. Foreman sabe que no es él el de la bañera, y no reconoce quién es. Piensa que su madre estaba loca, el niño podria simplemente no estar allí, no existir. O podria ser un hermano, muerto antes de su nacimiento, justificación de la locura de su madre. Esto no lo sabia, pero tenia sentido.
La imagen de Foreman observando a su madre bañar al hijo invisible/ hermano muerto se convierte en Máxima Zorreguieta pelada, sosteniendo una niña y a su lado, un hombre sentado agarrándose la cabeza; y yo, pensando que solo existirian si los dibujaba al despertar.
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Etiquetado arte, baño, dibujo, Foreman, locura, Maxima Zorreguieta, recuerdo
Lemas
Estoy en la rural laburando de promotora. Entra una de las que labura en informes del pabellón azul en el rol de Lemas, hablando del sindicato y de los derechos laborales, y que por ley tienen que invitarnos a un festejo que se realiza el miércoles 12. No sé si creerle o no, porque desde que es sindicalista solo se la pasa quejando y no labura más, casa que sabe y por eso la hace. Esta vestida toda de azul, y pienso: que homogénea es, si la derrito va a quedar todo parejo y puedo construir lo que sea.
Afuera hay una ceremonia. Por alguna razón tengo que ir a hacer un trámite en algún lugar detrás de donde sucede la ceremonia. Entonces me voy sin pensarlo. Cuando estoy atravesando la ceremonia no se por donde pasar porque los granaderos a caballo están desfilando. Cuando intento pasar me doy cuenta que los caballos son gigantes y que yo soy del tamaño de sus vasos. Siento que mi vida corre peligro de una manera sutil, siento que me van a pisar. Uno de los granaderos que me está por pisar me ve y al tiempo que intenta evitarme grita: acá hay otra más abajo!. Me trata de evitar pero no puede: me pisa. Me doy cuenta no por el dolor, sino por el sonido de como se rompe el vaso del caballo cual uña rota. Siento una lluvia espesa. De la cabeza para atrás estoy bañada en bosta. No me preocupa ni me hace sentir humillada, solo es un hecho: estuve bajo una lluvia de bosta. La sensación es precisa, como cuando uno pisa una montaña de bosta y el pie se desliza armónicamente entre ella, (Si no fuese por su dimensión escatológica, pisaría la bosta con orgullo, como entretenimiento sensual que es explotar las burbujitas de aire del envoltorio de las cosas frágiles.)
Al darme cuenta que mi uniforme marrón y mi pelo están llenos de bosta decido ir a bañarme. Pienso: “que suerte que soy yo porque entonces puedo bañarme acá en casa” (y lo que digo tiene sentido por alguna razón que me excede).
Aparezco en mi baño e instantáneamente estoy bañada. Entonces sigo mi camino. Estoy caminando por la calle Viamonte y me doy cuenta que me queda un resto de bosta en el pelo, intento deshacerme de él como si fuese un nudo. Vuelvo a ver a los granaderos y a sus caballos gigantes, pero ahora ya no estoy en el medio del campo como antes, sino en la plaza de mayo.
2006
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Etiquetado arte, baño, bosta, caballo, derretir, granaderos, Lemas, plaza de mayo, Rural, sueños