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Marioneta Magnética

Soy una bailarina, pero no tengo pies. No es consecuencia de una mutilación: soy como una muñeca o un dibujo, que tiene un vestido muy largo que le tapa los pies. Entonces no hizo falta crearlos, o dibujarlos. Sólo yo soy consciente de esta carencia: yo muñeca y quien me haya creado. Estoy flotando; creo que estoy dentro de esas esferas de vidrio con agua, que al agitarla paraciera que nevara. Pero no siento la resistencia del agua, ni la humedad. Estoy suspendida. Mis movimientos sin embargo, no son del todo libres: soy susceptible a una fuerza que determina tendencias de movimiento. Soy una marioneta magnética.

El mundo como representación

Estamos en el datsun con Fifi y Luchi. Vamos por una ruta de tierra. Intento frenar y me doy cuenta que los frenos no andan. Ni siquiera el de mano. Revivo la sensación de apretar el freno hasta el fondo logrando poca reacción del auto; revivo el frenar normal costoso del datsun y la situación no me causa pánico. Con bocinazos voy corriendo a la gente, haciendo notar que no puedo frenar.

La lógica de los golpes que se suceden parece de dos dimensiones: no hay impacto, acción/reacción o movimiento que no parezca concebido en un tablero de dibujo. La gravedad, los ruidos y los espacios parecen ad hoc, como justificando y recreando un mundo coherente y reconocible. Definitivamente estoy en una representación.

La solución a la falta de frenos es dar la vuelta en U (me pasé de donde íbamos porque no podía frenar y ahora hay que volver.) El parabrisas se llena de tierra y no veo nada. Luchi se asusta. El auto se frena en el medio de esta ruta de tierra. Recuerdo que por el espejo había visto un auto no muy lejos en nuestro mismo sentido. Sin embargo, pregunto si viene algún auto y si tengo tiempo de hacer maniobras. Me dicen que sí. Confío que el auto haya desaparecido. A oscuras empiezo las maniobras, acelero y me doy cuenta que estoy encallada. Pongo reversa y acelero. Primera y acelero. Reversa y acelero. Primera y acelero.

Sé que salgo triunfante de esta situación y de dos equivalentes en lo que resta del camino a casa porque ya lei este relato. Al darme cuenta que existo como parte de una narración puedo adelantar un par de hojas y situarme al final de la historia. Allí estoy entonces, en el último párrafo.

Esbozo

identikit

No se quién era ni qué rol tenia. Quizá era un desonocido, quizá alguien que no pude reconocer.

Solo sé que quería despertar para poder dibujarlo, para ver como se vería. En el sueño no podía definir nada; era como escuchar el secreto de la vida en un idioma desconocido y tratar de retener lo dicho por fonética para repetírselo a un traductor. Al despertar, con un lápiz y una hoja, sería políglota.

Estoy segura de la forma de las comisuras de sus labios, de la forma de su mandíbula y su pera. Sé como son sus cejas y la estructura de su rostro. 

No tiene edad. 

No recuerdo sus ojos; quizá por eso no podía reconocerlo. Quizá tuviese anteojos y por ello se me hacía difícil mirarlo a los ojos y definir su forma. Solo sé que miraban al vacío.

Foreman

Foreman nos cuenta sobre sobre su madre. Nos muestra un recuerdo que no entiende: está su madre bañando a un niño de unos 11 años, con mucho afecto, con mucha protección; inclusive con condescendencia. Foreman sabe que no es él el de la bañera, y no reconoce quién es. Piensa que su madre estaba loca, el niño podria simplemente no estar allí, no existir. O podria ser un hermano, muerto antes de su nacimiento, justificación de la locura de su madre. Esto no lo sabia, pero tenia sentido.

La imagen de Foreman observando a su madre bañar al hijo invisible/ hermano muerto  se convierte en Máxima Zorreguieta pelada, sosteniendo una niña y a su lado, un hombre sentado agarrándose la cabeza; y yo, pensando que solo existirian si los dibujaba al despertar.