Estoy con un grupo. Puede ser un campamento, un retiro empresarial o un metodo gronhol. O una compania de teatro. Pero hay sociabilización. Sé que debemos realizar una coreografía o un acto, pero no puedo precisar nada más.
Estamos alrededor de una mesa hablando. Entre conversiones en las que participo, un desconocido se agrega y dice:
-Yo escribo.
Tomo el protagonismo y solo hablo yo ahora.
-Que bueno che. ¿Y que género?
-Poesía.
-Debo decir que es uno de mis grandes agujeros. Nunca me dedique a la poesía. Tiene ese halo de respetabilidad que requiere más fuerza para entrar.
Pienso que ya le dije esto a alguien alguna vez. Quizá en una situación de levante. Pienso en todos los escritores que conocí. Pienso en los poetas. Pienso en el español.
Su cara se me hace nítida. Antes no estaba en el encuadre. Sonrie. Tiene barba. Y está bueno.
Empezamos a realizar aquello que venimos a hacer. Por lo que vemos todos saben que va a pasar, todos conocen la coreografía. Nosotros ( yo y …) no, parece ser que nos agregaron a último momento e improvisamos. Se rumorea que en algún momento hay que bailar en parejas.
Subo a una especie de dormitorio en la planta superior. Hay alguien. Es una especie de pulman pero dentro del escenario. Al fondo hay un baño. Sé que falta poco para entrar. Miro al escenario y veo a Heather Locklear y a Queen Latifah conduciendo un programa, nadando vestidas de sirenas. No entiendo como es tan real el efecto antigravedad. Me doy cuenta que realmente están en agua. Me pregunto como se sostiene el agua de manera vertical. Están en una pecera gigante. ¿Cómo pueden conducir un programa adentro del agua? ¿Cómo se producen los sonidos tan claros? Pienso en las cámaras que filman bajo el agua y su posible equivalente en audio. Pienso en el playback.
Tengo que conseguir un OB. Si no la pileta esta fuera de cuestión. Siento que se me mueve una muela. Esta floja. Busco en mi bolsillo una corona que al parecer funciona como cualquier aparato dental, se pone y se saca. Cuando lo tengo puesto me hace un bulto en la cara y no me deja hablar. Me preguntan algo. Intento contestar pero sueno infradotada. ¿Cómo voy a poder ir a escena con esto? Se nota demasiado.
Me los saco, sigo teniendo el bulto. Voy al bano a ponerme un ob y busco el espejo. Siento otro diente flojo: es el colmillo de arriba. Me fijo si tengo otra corona. Ya no tengo ni la anterior, ni el bulto. Me agarro el diente y lo muevo; despacio lo empujo hacia afuera. Lo saco entero. Es grande y tiene una raíz de más del doble de su tamaño. Está muy recta. Me sale sangre. Tengo la sensación que no sentía desde la niñez de cuando se te cae el diente. La carne viva. La sequedad y el golpe inesperado de sangre. El gustito a sangre. También lo sentí con las muelas de juicio, pero tenía la boca anestesiada. Ahora necesito un lavatorio para escupir. No puedo salir al escenario con un buche se sanqure. El hombre puede tragar hasta un litro de sangre antes de enfermarse. Ni que fuera Edward Norton.
Me acerco pero un perro me prepea. Supuestamente ya lo vi, me intento hacer la amiga, pero parece que se está por aviolentar conmigo. Alguien le grita que se aleje. Hago el buche en el lavatorio. Salgo a la terraza pulman a ver con quien me toca el baile. Por ahí con el escritor.
Ya están todos alrededor. Hay mucho quilombo, algo sucedió. Esta Epi. Con el pelo rapado y mucho pelo facial. Se hizo pasar por hombre para conseguir el laburo. Pero se hartó, no soportó más la presión y confesó todo. Le pregunto cómo le fue con el tipo cuando le contó todo.
-Bien. Lo había tenido en Tecnología 3.
– Entonces te tenia de cara.
–Si supongo