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La novela de la tarde

Somos una novela que dan a las 6 de la tarde, salvo algunos dias especiales que dan un capítulo doble: a las 6 y a las 8. Esta segunda edición muestra las audiciones de los espectadores. Son pequeños videos que muestran a la gente ayudando al Sargento García a solucionar los crímenes que se suceden en la novela.  El Sargento García es el capitán de policía que no tiene muchas luces: por eso necesita a la audiencia.

La novela de la que somos parte no es ficción: no hay actores ni escenarios. Es un universo paralelo dentro de la realidad: somos personas que tenemos una vida rutinaria y nos desenvolvemos normalmente. La transmisión de la novela es la ventana que muestra este universo. Cuando se acerca la hora nos ponemos nerviosos: es nuestra hora diaria de laburo. Nuestras acciones no cambian, simplemente  somos concientes que durante esa hora estamos siendo vistos por todo el mundo.  El único contacto entre los universos simultaneos son los videos de las audiciones para el Sargento garcía.

El régimen es futurista y totalitario. Somos víctimas y no actuamos libremente. No sabemos por qué algunos parecen tener algún arreglo con el líder: es la única manera de explicar por qué se desenvuelven tan libremente sin miedo a las consecuencias.

Estamos caminando y Nelly dice algo. (No sé quien es Nelly, solo sé que se llama así, es rubia y se parece a Doris del Valle.)

El líder dice:

-Nelly: véngase a las 11 a la playa.

 Esta frase esta codificada. Lo que realmente quiere decir el líder es que a las once la van a fusilar, o ahogar, depende su humor.

Nelly le agradece y lo besa: está tan sometida que hasta agradece su codena,

Estamos en el mar. Veo que el hechicerco (al cual no se por qué lo pienso como sorcero) esta siendo ahogado por una horda de gente. Lo cargan en los hombros y lo llevan al lugar demarcado en el medio del agua: una cruz dibujada cuyo trazo recuerda a un dibujo sobre la arena.

Terminator (Message in a bottle III)

Un hombre tiene una especie de yeso en la gamba. Más que un yeso, es una pierna de terminator: se diferencian piezas encastradas, mecanismos, distintos materiales y articulaciones. Es sofisticada; probablemente con tecnología robótica. El hombre es parte de una sociedad futurista: sé que no es un robot sino uno de los pocos ejemplares de la raza humana subversiva que todavia vive e intenta luchar contra el dominio de la máquina. Le toco la pierna y le pregunto porque me esconde su secreto; yo sé (y se lo digo) que si se saca esa pierna falsa va a estar todo bien, todo seguirá funcionando normalmente. Simplemente va a ser mas libre. Lo ayudo a sacársela, paso a paso, y la sensación de libertad de traduce en una pileta gigante de agua.

Y nado. Nado como si nunca hubiera sentido la sensación de flotar, como si por primera vez en mi vida imaginase un mundo sin gravedad. Voy hacia un lado de la pileta y hacia el otro. Parece gigante. La atravieso muy rápidamente  y asumo que fui muy veloz. De un segundo a otro me doy cuenta que no es muy honda. Pienso que quienes la construyeron solo pensaron en sus hijos, pero se olvidaron que iban a crecer. Veo que tan solo tiene 10 centímetros de agua. Pienso: “¿Cómo habré hecho para nadar con tan poco agua?”. Sé que no se desagotó. Sin embargo vuelvo a probar y puedo nadar perfectamente.

Llego hasta el final de la pileta y salgo.Estan las chicas pasando un fin de semana en el campo. Busco mi ropa (cual Adan y Eva al salir del Edén, me doy cuenta que no llevaba nada) y entre los muchos pares de zapatos veo dos pares que son mios. Eso quiere decir, pienso, que vine dos veces. Pienso en la analogía de salir y entrar del país con distinto pasaporte en migraciones. Sin embargo salí solo una vez. Cuando me acerco a buscar respuestas se larga a llover de golpe, a cántaros, o como diria carloshuber, a caer soretes de punta.

Octubre 2007

Gran Hermano

Kac

Es un gran hermano. Pero el gran hermanó se saturó y levantó el programa. Y nos dejo encerraros en la casa. Somos un grupo dispar. Queremos escaparnos, pero el móvil no parece ser la libertad. Es algo más. Es como si el lugar estuviera por desaparecer.

En un cuarto vidriado hay una liebre. Esta ahí para controlar el nivel de radiación en el lugar. Si bifea, sabemos que estamos llegando al fin.

La liebre quiere escapar. (como si percibiera la situación que estamos viviendo y quisiera también escapar) Abro un poco su puerta, como queriendo dejarla pasar pero la puerta no se abre del todo y no puede pasar. Entonces pienso: que bueno, así no nos contagia la radiación. Demagogia pura. Le abrí la puerta, no es mi culpa que este trabada. Pero esto sucede a manera de deja vu al abrirle la puerta, que ahora si se abre ampliamente dejando escapar la liebre radioactiva (hacia adentro de la casa). Pienso: No deben haber tenido en cuenta el cuarto de la radiación como salida. Quizás por allí podamos salir tranquilamente. Iniciamos una procesión por adentro de la casa (que se asemeja a un mundo futurista) con toda la gente que esta aquí. Uno me llama la atención. Esta bueno che, me digo. Con lo inestables que estamos acá adentro, si me acerco por hay pasa algo. Me pienso estirando las manos y el cuello delante de él. (Es acaso un vampiro?). Vuelvo y lo miro nuevamente. No es momento para planear estrategias de levante.

Pedimos mucho delivery. Pero uno no pide los platos para todos; no hay organización de grupo con respecto a la comida como sucede en situaciones extremas según nos enseñaron la literatura y el cine. Cada uno se pide lo propio en cantidades industriales, sin concientizaron de ello parece la única posibilidad de pedir comida. Pedirla implicaría una conexión con el exterior, un pasaje de la comida de afuera hacia adentro, pero esto no nos es evidente, o ni siquiera necesario. El delivery es simplemente la aparición de comida. No levantamos un teléfono y decimos la dirección y el pedido. Simplemente la comida está.  Pedimos mucha pasta. Pienso ¿Por qué pedimos el almuerzo de dentro de dos días? Esta pifi, me pide que le pida unos noquis para mañana. Los tengo el la mano, los pongo en la heladera de casa y me voy. Vuelvo al rato: se que en la heladera de casa no van a sobrevivir (estoy en casa y el viejo va a pasar a comérselos? No estaba encerrada? Estoy encerrado con ellos en un lugar que contiene a mi casa? ) Entonces agarro un marcador negro y escribo en todo el contenedor de telgopor “no comer”, en todos los sentidos que se me ocurren como para que nadie pueda hacerse el boludo y comérselos.

Sigue la procesión. Llega alguien nuevo. (de donde vino? Siempre estuvo?) Le cuento lo que sucede. “El gran hermano se hartó y nos dejo encerrados. Esa es la liebre de la radiación.” Cuando la dejo salir (dejavu de por medio) me siento culpable. Siento que me voy a arrepentir, que dejar pasar una liebre radioactiva hacia donde estamos (en un lugar cerrado como este no seria en realidad un peligro, se podria cazar fácilmente) es peligroso, porque este adentro es inevitablemente el afuera.