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De guantes blancos

Soy la controladora aérea de las ondas de wifi. Pero lo hago de manera física, con mis guantes blancos, como un mimo. Empujo el aire de derecha a izquierda, de arriba abajo, traigo de atrás, hago circular el centro. Me pregunto si en caso de ser observada por un sordo o un intérprete de lenguaje de señas podrian tener significado mis movimientos. Quizá este diciendo algo de lo que no estoy conciente, quizá sin darme cuenta estoy generando sentido. Quizá estoy expresando el secreto de la felicidad, y no se cuál es.
Un hombre con barba de tres dias y vestimentas oscuras nos observa. Esta sobre un sofa amarillo que vuela por sobre todas las cosas. Es nuestro gran hermano y nos vigila constantemente.

Gran Hermano

Kac

Es un gran hermano. Pero el gran hermanó se saturó y levantó el programa. Y nos dejo encerraros en la casa. Somos un grupo dispar. Queremos escaparnos, pero el móvil no parece ser la libertad. Es algo más. Es como si el lugar estuviera por desaparecer.

En un cuarto vidriado hay una liebre. Esta ahí para controlar el nivel de radiación en el lugar. Si bifea, sabemos que estamos llegando al fin.

La liebre quiere escapar. (como si percibiera la situación que estamos viviendo y quisiera también escapar) Abro un poco su puerta, como queriendo dejarla pasar pero la puerta no se abre del todo y no puede pasar. Entonces pienso: que bueno, así no nos contagia la radiación. Demagogia pura. Le abrí la puerta, no es mi culpa que este trabada. Pero esto sucede a manera de deja vu al abrirle la puerta, que ahora si se abre ampliamente dejando escapar la liebre radioactiva (hacia adentro de la casa). Pienso: No deben haber tenido en cuenta el cuarto de la radiación como salida. Quizás por allí podamos salir tranquilamente. Iniciamos una procesión por adentro de la casa (que se asemeja a un mundo futurista) con toda la gente que esta aquí. Uno me llama la atención. Esta bueno che, me digo. Con lo inestables que estamos acá adentro, si me acerco por hay pasa algo. Me pienso estirando las manos y el cuello delante de él. (Es acaso un vampiro?). Vuelvo y lo miro nuevamente. No es momento para planear estrategias de levante.

Pedimos mucho delivery. Pero uno no pide los platos para todos; no hay organización de grupo con respecto a la comida como sucede en situaciones extremas según nos enseñaron la literatura y el cine. Cada uno se pide lo propio en cantidades industriales, sin concientizaron de ello parece la única posibilidad de pedir comida. Pedirla implicaría una conexión con el exterior, un pasaje de la comida de afuera hacia adentro, pero esto no nos es evidente, o ni siquiera necesario. El delivery es simplemente la aparición de comida. No levantamos un teléfono y decimos la dirección y el pedido. Simplemente la comida está.  Pedimos mucha pasta. Pienso ¿Por qué pedimos el almuerzo de dentro de dos días? Esta pifi, me pide que le pida unos noquis para mañana. Los tengo el la mano, los pongo en la heladera de casa y me voy. Vuelvo al rato: se que en la heladera de casa no van a sobrevivir (estoy en casa y el viejo va a pasar a comérselos? No estaba encerrada? Estoy encerrado con ellos en un lugar que contiene a mi casa? ) Entonces agarro un marcador negro y escribo en todo el contenedor de telgopor “no comer”, en todos los sentidos que se me ocurren como para que nadie pueda hacerse el boludo y comérselos.

Sigue la procesión. Llega alguien nuevo. (de donde vino? Siempre estuvo?) Le cuento lo que sucede. “El gran hermano se hartó y nos dejo encerrados. Esa es la liebre de la radiación.” Cuando la dejo salir (dejavu de por medio) me siento culpable. Siento que me voy a arrepentir, que dejar pasar una liebre radioactiva hacia donde estamos (en un lugar cerrado como este no seria en realidad un peligro, se podria cazar fácilmente) es peligroso, porque este adentro es inevitablemente el afuera.