26 de septiembre
Jose y yo tenemos superpoderes y estamos tomando mate y charlando.
-Che, nunca reflexionamos sobre tener superpoderes.
-No, es verdad, nunca lo hicimos.
-¿Y no crees que deberíamos usar nuestros superpoderes para hacer el bien?
-Yo hago el bien: soy buena mina, hago un buen laburo, con buenos contenidos.
-Si ya sé. Pero digo tipo Superman o Batman. Sacar a gente de apuros, combatir el crimen.
Por primera vez en nuestra vida comentamos el hecho de poseer habilidades extraordinarias, no porque haya sido taboo, sino porque era algo tan obvio que no llamaba la atencion. Como no reflexionar sobre la habilidad de caminar.
Tenemos que ir a un bosque y Luchi sabe llegar, pero está ubicado en el medio de un mar imposible. La llevo volando. Vuelo al revés que Superman, con la piernas hacia adelante como si ellas fueran la base de la acción del volar. La empujo a luchi, quien no tienen esta habilidad, y siento el esfuerzo fisico demandante que causa. Llegamos al lugar y nos encontramos con Jose como planeado. Luchi entra a esta isla hostil, pantanosa y grumosa a investigar. Es una masa seudo homogenea, un volumen amorfo que flota en el mar y escupe olas de barro, musgo y hojas. Corrida por la ola, Luchi se acerca y nos dice:
-Llegamos temprano. El bosque no se formó todavía.
Me pierdo de las chicas. Pienso que para el norte desemboco en una avenida donde para el 37, más allá de Velez Sarfield. Estoy en el bondi y reconozco luego de un par de paradas el lugar donde me tengo que bajar. Intento apresurarme pero tengo mucho paquetes y el abandono del bondi no resulta inmediato.
Ahora soy un viejo gay y espero a mis dos amigos: luchi y jose, otros viejos gays. Saben que me perdi y asumieron que me tomaría el 37.