Estamos en un cuarto en una casa casi demolida. Hay un niño pequeño dando vueltas. Por lo visto, es mi hermano. Llueve o nos atacan. Alguien de nosotros esta luchando, bancando el ataque. El pendejo tiene poderes. Con levantar la mano el techo se empieza arreglar. Sigue moviendo la mano y se empieza a revocar, a lijar y a pintar. (Parece que su magia es limitada. No puede hacer aparecer un techo nuevo, pero puedo arreglarlo rápidamente: puede mover la espátula, acomodar el yeso y lijar desde lejos con el poder se su mente) Finalmente se acaba el ataque y se mueren los malos. Estan arrinconados.
Uno dice: “Son medio sensibles asique esperemos un poco para contarles.”
El otro dice: “No esperemos, contemosles ahora.”
Se levantan todos. Eran policias , o mas bien una brigada especial encubierta. Nos asustamos porque vieron la magia de mi hermanito, y se supone que es un secreto, como todo superheroe que esconde su magia porque asume que el mundo no esta preparado para aceptarla y tiene miedo que lo pongan en un neuropsiquiátrico o lo usen como rata de experimento de por vida. Uno de los encubiertos es mi preceptor y la otra me suena de algún lado, pero no puedo decifrar quién es. Dicen: “Ese debe ser uno de esos niños infras con poderes.”
Estamos acostados ellos dos y yo. Ahora es Juan. Me pregunta si yo de chica era como él. Estoy leyendo mi diario y me doy cuenta que era muy viva y muy perceptiva de pendeja. No se cómo se relaciona eso con la magia. Quizá la magia no es mas que intuición absoluta e inteligencia hiperdesarrollada. Pienso en Houdini: distracción. Juan me dice que ya lo sabe por todo lo que le conté. Me pregunto cuando generamos tanta intimidad. Me acaricia. Definitivamente quiere garchar. La de al lado me dice que tengo una gomas divinas. Yo le digo que acostada es muy fácil.