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La marca de un waikiki

Estoy caminando por Chacarita. Pienso: como me gusta chacarita.
Llego al area de las vias y el paisaje se vuelve infinito. Es una playa continua con las vias de tren en el medio. Me acerco a ellas.
Estoy en un muelle, sobre el mar, con mucha gente. Se acerca un animal que no reconozco. Es cilindrico, tiene plumas, azul y blanco y con pico. Y emite brillo. Parece ser una animacion 3d. Pregunto a los demas si lo reconocen y si es real. Me aseguran que es real, pero no mucho saben qué es. Es un Waikiki. Al acercarse a nosotros nos damos cuenta que no sabemos como reaccionar, no sabemos si es un fiera agresiva y pelogrosa o una bestia simpática. Decicimos no movernos; con paciencia y casi cerrando los ojos lo dejamos que se acerque. Esta muy cerca mio. Su movimiendo parece ser el de un colibri en camara lenta. Acerca su pico a mi pierna y me lo clava. Deja dos puntos uno arriba del otro. Yo miro indignada al resto de la gente con la que habiamos convenido que no era agresivo. Luego gira el pico 90 grado y hace dos nuevos punto entre los otros. El waikiki se aleja solo y yo me quedo con su marca. No creo que vuelva a ver un waikiki.

La novela de la tarde

Somos una novela que dan a las 6 de la tarde, salvo algunos dias especiales que dan un capítulo doble: a las 6 y a las 8. Esta segunda edición muestra las audiciones de los espectadores. Son pequeños videos que muestran a la gente ayudando al Sargento García a solucionar los crímenes que se suceden en la novela.  El Sargento García es el capitán de policía que no tiene muchas luces: por eso necesita a la audiencia.

La novela de la que somos parte no es ficción: no hay actores ni escenarios. Es un universo paralelo dentro de la realidad: somos personas que tenemos una vida rutinaria y nos desenvolvemos normalmente. La transmisión de la novela es la ventana que muestra este universo. Cuando se acerca la hora nos ponemos nerviosos: es nuestra hora diaria de laburo. Nuestras acciones no cambian, simplemente  somos concientes que durante esa hora estamos siendo vistos por todo el mundo.  El único contacto entre los universos simultaneos son los videos de las audiciones para el Sargento garcía.

El régimen es futurista y totalitario. Somos víctimas y no actuamos libremente. No sabemos por qué algunos parecen tener algún arreglo con el líder: es la única manera de explicar por qué se desenvuelven tan libremente sin miedo a las consecuencias.

Estamos caminando y Nelly dice algo. (No sé quien es Nelly, solo sé que se llama así, es rubia y se parece a Doris del Valle.)

El líder dice:

-Nelly: véngase a las 11 a la playa.

 Esta frase esta codificada. Lo que realmente quiere decir el líder es que a las once la van a fusilar, o ahogar, depende su humor.

Nelly le agradece y lo besa: está tan sometida que hasta agradece su codena,

Estamos en el mar. Veo que el hechicerco (al cual no se por qué lo pienso como sorcero) esta siendo ahogado por una horda de gente. Lo cargan en los hombros y lo llevan al lugar demarcado en el medio del agua: una cruz dibujada cuyo trazo recuerda a un dibujo sobre la arena.

XX vs XY

Estamos en la playa cuidando a unas pendejas de entre uno y tres años.

Una de ellas me dice: ¿Que es daltónico?

-Es un defecto genético de la vista. Ves un registro de color diferente al resto de la gente. Imaginate una tele en blanco y negro y pintala a tu gusto.

Pienso en la analogia: poco precisa y anacrónica. Dudo que hoy en dia una niña de 3 años este familiarizada con tal artefacto.

-Igual no te preocupes. Es casi imposible que vos lo tengas.

-¿Por qué?

-Porque es un gen recesivo del  cromosoma X del par 23. La mujer tiene una segunda x para compensar.

Entra Jose y pregunta que hacemos.

-Aprendiendo genética, dice la pendeja.

 

 

Jeniffer Anniston esta encargada de mantener llena la pileta que se carga con agua de mar. Hay grandes mangueras instaladas para esto. Sin embargo una niña traviesa las desconecta y sale corriendo. Jennifer revisa una por una las mangueras hasta llegar al primer pozo en cuyo fondo esta el mar. Se asoma y se cae.

Jennifer esta embadurnada con un liquido trasparente y viscoso y tiene cara de cebra. Nos dice que ya no le divierte tanto. Se sumerge y un delfin la empuja para salir. Cuando nos estamos por ir, Jennifer vuelve a asomarse y sonrie.

-Siempre quise un pinguino, dice y se lo lleva de mascota.

Bahía de los vientos

Le di una última oportunidad.

Y salimos una vez más.

Estoy dormida en su auto.

Me avisa que llegamos.

Se acerca y me besa.

Le digo que voy a caminar por bahia.

El no viene.

Parece que así se decidio el final.

Estoy sola en bahía de los vientos, es de noche y miro hacia la playa. Solo se escucha un mar lleno de ira golpeando los acantilados. (Recuerdo que alguna vez oí que definian la ira como pasión del alma). Pienso en Friedrich y en Turner y los comprendo. Si tuviese un lienzo enfrente escrbiria: “ce n’est pas le sublime”.

Todo está a oscuras; debe ser luna nueva. No se ve nada, salvo unas estructuras de hierro que parecen vivas dentro del mar y que al parecer son parte de él. No están iluminadas: tienen luz propia, como si compartiesen la materia con la luna y reflejasen la luz del sol. Se mueven con el mismo enojo y son hipnóticas. Quiero tocarlas: quiero la informacion táctil de esos cuerpos danzantes. Siento que en ese estímulo está lo que necesito saber.