Un hombre tiene una especie de yeso en la gamba. Más que un yeso, es una pierna de terminator: se diferencian piezas encastradas, mecanismos, distintos materiales y articulaciones. Es sofisticada; probablemente con tecnología robótica. El hombre es parte de una sociedad futurista: sé que no es un robot sino uno de los pocos ejemplares de la raza humana subversiva que todavia vive e intenta luchar contra el dominio de la máquina. Le toco la pierna y le pregunto porque me esconde su secreto; yo sé (y se lo digo) que si se saca esa pierna falsa va a estar todo bien, todo seguirá funcionando normalmente. Simplemente va a ser mas libre. Lo ayudo a sacársela, paso a paso, y la sensación de libertad de traduce en una pileta gigante de agua.
Y nado. Nado como si nunca hubiera sentido la sensación de flotar, como si por primera vez en mi vida imaginase un mundo sin gravedad. Voy hacia un lado de la pileta y hacia el otro. Parece gigante. La atravieso muy rápidamente y asumo que fui muy veloz. De un segundo a otro me doy cuenta que no es muy honda. Pienso que quienes la construyeron solo pensaron en sus hijos, pero se olvidaron que iban a crecer. Veo que tan solo tiene 10 centímetros de agua. Pienso: “¿Cómo habré hecho para nadar con tan poco agua?”. Sé que no se desagotó. Sin embargo vuelvo a probar y puedo nadar perfectamente.
Llego hasta el final de la pileta y salgo.Estan las chicas pasando un fin de semana en el campo. Busco mi ropa (cual Adan y Eva al salir del Edén, me doy cuenta que no llevaba nada) y entre los muchos pares de zapatos veo dos pares que son mios. Eso quiere decir, pienso, que vine dos veces. Pienso en la analogía de salir y entrar del país con distinto pasaporte en migraciones. Sin embargo salí solo una vez. Cuando me acerco a buscar respuestas se larga a llover de golpe, a cántaros, o como diria carloshuber, a caer soretes de punta.
Octubre 2007
